Nunca antes había estado en Lavapiés. Tras mi última estancia en Madrid, visitar uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad se había convertido en una visita casi obligada. Llegué en una mañana soleada de otoño sin saber muy bien lo que iba a fotografiar. Así que empecé a observar a las personas, el espacio y los colores.
A raíz de esa observación, el movimiento se convirtió en el hilo conductor de las fotografías. Así que empecé a trabajar con el obturador y las velocidades de los sujetos fotografiados con el fin de retratar a esas personas atravesando el espacio en movimiento. De esta manera, los cuerpos aparecen desdibujados frente a unos muros estáticos.






